Psicólogo en Mallorca

Telebasura, enfermedad o síntoma

El término «telebasura» se utiliza genéricamente para referirse a una manera de hacer televisión pero sus características son extensibles a otros medios de comunicación como la llamada prensa rosa, sensacionalista o amarilla. Los contenidos temáticos son el escándalo, el sexo, el morbo, tornando lo íntimo en público. Un elemento importante aunque no imprescindible es el carácter social de los personajes que se ponen en escena, los llamados «famosos».

La prensa internacional ha atribuido a España el lamentable primer puesto europeo en producción y audiencia de este tipo de producción en simultaneidad al bajo nivel de lectura y educación. Los diarios ingleses The Guardian o The Times han dedicado artículos al tema. Sin embargo, se trata de una irresistible tendencia mundial y hasta para los periódicos más serios, es difícil dejar de conceder alguna sección a los mismos contenidos.

Gran Hermano (originalmente Big Brother) fue emitido por primera vez en los Países Bajos en 1999. Tras el éxito cosechado, muchos países compraron licencias de autoproducción y, a pesar de que en ocasiones es adaptado y modificado, el programa mantiene las características del original. Ya se trate de revistas o de televisión, el mercado de consumidores manda y cualquier formato o contenido es exportable. En otras palabras, es un fenómeno universal.

En el campo de la cultura son muchas las voces críticas hacia este fenómeno masivo en el que se ve una expresión de decadencia y descenso del nivel educativo e intelectual de la población. De hecho el término «telebasura» condensa la condena hacia esa manera de producción televisiva. Aún admitiendo como válidas las críticas que puedan hacerse a quienes producen y consumen estos productos interesa entender qué les da tanta fuerza. Dado que los consumidores le dan el rating y por lo tanto son los que mandan, para la psicología la cuestión es qué pasa con el espectador.

Una premisa es que un estímulo solo puede despertar interés si responde a una disposición. Si las procesionarias de los pinos se zambullen encantadas en esas cajitas ataúdes con que se trata de salvar los pinos no es por otra razón que las feromonas que hay dentro que sintonizan con su necesidad sexual. Aunque tenga un uso metafórico, la expresión «por la boca muere el pez» tiene origen en una elemental observación marinera. Solo el hambre lleva al pez a tragar el anzuelo.

¿Cuál es ese «hambre» que hace que millones de individuos queden atrapados por la telebasura? Para la psicología la telebasura no es una enfermedad sino un síntoma.

Sin duda se trata de un fenómeno complejo que puede tener diversos abordajes. Pan y circo para los politicólogos, indicadores de nivel intelectual de la población para los antropólogos sociales y alimento para las necesidades emocionales para los psicólogos. Se puede entender la necesidad de un pez por la carnada que lo atrae al anzuelo.

Los contenidos que logran detener el zapping, capturar al espectador y crear una fascinación hipnótica como para retenerlo inmovilizado durante horas se circunscribe al amplio abanico del sexo y la agresividad en y entre los protagonistas. El tipo de conducta del espectador de estos productos pertenece a lo que se denomina genéricamente voayerismo. Es como si la televisión ofreciera el clásico agujero de la cerradura por el que espiar sin ser visto.

Espiar lo que otros hacen o tienen. El ser de los otros. Las iniciativas y experiencias de los otros y también el escarnio de los otros. Todo con el beneficio de no exponerse a ningún riesgo propio de la acción y el protagonismo. Desde el punto de vista psicológico a menor grado de realización e iniciativas vitales más predisposición a satisfacerse por identificación espiando vidas ajenas.

Por eso importa tan poco la calidad artística y narrativa del espectáculo, con tal de que alimente esa carencia. Para el hambre no hay pan viejo.

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Publicado el 30/03/2015