Psicólogo en Mallorca

Personas no humanas

Una fuerte corriente de opinión a nivel mundial, europeo y nacional, sobre los derechos de los animales está generando normativas cada vez más restrictivas. Con seguridad no son ajenas a esta pasión por legislar, ciertas necesidades políticas y la autoalimentación del hipertrofiado aparato burocrático europeo. Las intervenciones han pasado de aspectos ligados tanto al culto de violencia física como las riñas de gallos, peleas de perros o las corridas de toros, a la experimentación científica con fines sanitarios.

La novedad es que le está llegando el turno a los aspectos psicológicos y de calidad de vida de los animales.
Este nuevo abordaje se pone de manifiesto en la prohibición de espectáculos con delfines que es ya un hecho en países como India, Costa Rica, Hungría y Chile. Triste ironía que India proteja por ley animales mientras permite una sociedad de castas que inferioriza a humanos.
Esta tendencia llevó a declarar a los animales “personas no-humanas” en la reunión internacional de la AAAS, Asociación Americana para el avance de la Ciencia. En España, la catedrática en Derecho Romano Dra. Teresa Giménez Candela, dictó en el año 2010 el primer posgrado de derecho de los animales en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Es altamente probable que espectáculos como el tradicional delfinario sean pronto un recuerdo.

La afirmación de que un delfín que habite fuera de su habitat sufre estrés no es insensata. Más aún, por ese mismo razonamiento, todos los animales condicionados por el hombre estarían en igual situación.
Y esto no es un hecho banal. Tener animales domésticos, de compañía, o decorativos al igual que zoológicos y acuarios supone infligir estrés e infelicidad a las “personas no humanas”.

Tirar de este hilo puede terminar deshaciendo el jersey.

Delfinarios, acuarios y zoológicos representan la posibilidad para que los niños urbanos, y no solo los niños, tengan una visión real de una naturaleza cada vez más mediatizada.

Posiblemente el primer estudio serio sobre derecho animal comenzó con el libro Liberación Animal, publicado en New York Review en 1975 por el filósofo de derecho Peter Singer. Creó el término “especismo” parafraseando a racismo. Acabó siendo vegetariano como consecuencia lógica de sus investigaciones éticas. Su idea es que así como es racista despreciar a un humano de otra raza, es especista hacerlo con seres de otra especie. Matar vacas, gallinas o peces para comérselos supone negarles derecho a vivir su vida por ser de otra especie.

Para dar idea de las consecuencias de aplicar este criterio, basta con decir que es difícil concebir la supervivencia de la humanidad excluyendo las proteínas animales de la alimentación o que aún hoy sociedades agrícolas colapsarían sin el uso de bueyes para arar la tierra.
Las implicaciones y posibles consecuencias morales, jurídicas y económicas de este tema exceden el horizonte de esta nota y el campo de un psicólogo clínico, pero no así el significado de las mascotas de compañía o la contemplación de espectáculos como los acuarios, zoológicos o delfinarios.
Sin duda un gato o un perro que proporcionan afectividad y compañía a niños, adultos o ancianos paga el precio de vivir una vida desnaturalizada. Recordemos frases como la de Lord Byron “cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro” o “el perro es el mejor amigo del hombre”. Estas frases revelan lo difícil que es satisfacer la necesidad de amar y ser amados y que a veces una mascota cubre esos huecos afectivos.

Cierto que esta amistad a la mascota le cuesta muchos sacrificios. Al hombre a veces también. Hace menos de 2 semanas, Dieter Zorn, un alemán que dedicó su vida a mostrar que no hay que temer a las serpientes y que viajaba dando demostraciones con ellas, murió en pocos minutos picado por una de sus víboras aspid. Posiblemente, la pretensión de ser éticamente coherentes y racional y filosóficamente armónicos, y que esto se garantice mediante leyes que regulen todos los aspectos de la relación del ser humano y la naturaleza, sea demasiado ambiciosa.

Freud demostró que era pretenciosa la idea cartesiana de que somos seres racionales, Darwin ofendió nuestro abolengo emparentándonos con animales, Copérnico situó nuestra patria la Tierra como mero satélite alrededor del Sol. ¡Pues si va a resultar que tampoco podemos llegar a ser perfectamente buenos y justos!

¡Qué gusto escribir esto con mi gato ronroneando a mi lado! Yo le perdono pisarme alguna tecla cuando se cruza sobre el ordenador y quizás el me perdone que vivir en mi piso lo prive de vivir cazando pájaros y ratones.

Compartir
Publicado el 24/07/2013