Psicólogo en Mallorca

Fantasmas, mentiras y realidad

Aprincipios de este mes tomó estado público una noticia casi inverosímil. La revelación de que 40.000 de los soldados que se suponían combatiendo en Irak no eran más que fantasmas. Pese a lo espectacular e insólito de la noticia, se trata de un caso más de corrupción y desvío de fondos. Más aún, mentiras, distorsiones y fabulaciones son parte del tejido social y el acontecer histórico y gravitan en los sentimientos y opiniones de los ciudadanos y en la realidad geopolítica. La realidad es producida y moldeada por lo irreal.

Entre muchos ejemplos que abundan en la historia, la guerra del Golfo en 1991 tuvo un carácter tan circense que casi fue un reality show. El pomposo y cinematográfico nombre operativo de «Tormenta del desierto» dado por la administración Bush y el no menos espectacular de «Madre de todas las batallas» con que intentó competir el malogrado Sadam Husein, acusado de la también imaginaria posesión de «armas de destrucción masiva» sumados a la difusión de un puñado de imágenes televisivas fueron los ingredientes del show. Sin embargo este montón de patrañas, cambiaron hasta límites impensados todo el equilibrio político y militar de Medio Oriente y probablemente del resto del planeta.

Es bien sabido que publicar acusaciones sobre un personaje público puede ser un arma letal, aunque luego no se demuestre ni desmienta nada.

Como dijo George Orwell, el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, el asesinato respetable y dar apariencia consistente al puro viento. Los acontecimientos que siguen desvelándose en torno al pequeño Nicolás son otro maravilloso ejemplo de lo que puede una danza de medias verdades, medias mentiras e imposturas.

En fin, montañas de hechos que solo existen, como los fantasmas, sin corporeidad ni anclaje en la realidad material sacuden constantemente la vida de los países, inflan y desinflan las bolsas, el valor de las materias primas, producen megariquezas o hunden empresas. Todo a partir de cosas que no existen. La paradoja es que cosas que no existen producen acontecimientos que acaban existiendo y afectando profundamente la realidad. Como dijo el siniestro Goebbels, ministro de propaganda del régimen nazi: «Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad».

El descubrimiento del carácter falso de las afirmaciones y apariencias de los líderes, y los efectos acumulativos que estos descubrimientos tienen en el estado de opinión de la sociedad merecen una reflexión y un espacio propios. Las creencias ingenuas son muy peligrosas pero el descreimiento y la pérdida de ilusión no lo son menos.

Esta extraña y sorprendente relación entre lo real y lo imaginario es tratado por diversas disciplinas. En la filosofía está representado por la polarización entre idealistas y materialistas. En 1700 el religioso, filósofo y matemático Berkeley también conocido como el obispo Berkeley, creó el así llamado idealismo subjetivo o inmaterialismo, y en su libro El analista llegó a cuestionar hasta los fundamentos de la ciencia. Para él la realidad no existe si no es como idea. Si en un bosque la caída de una rama produce un ruido que nadie escucha, el ruido no existe. En cambio el materialismo es una corriente filosófica que, en la relación entre el pensar, el espíritu y la naturaleza, postula que la es lo primario y la conciencia y el pensamiento son consecuencia de ésta, a partir de un estado altamente organizado. Sin cuerpo no hay alma.

En el campo de la antropología, el francés Levi Strauss, uno de los creadores de la antropología moderna estudió el pensamiento de las sociedades primitivas y en su libro Tristes trópicos narra como un brujo logra conducir a buen término un parto difícil por medio de creaciones imaginarias que va relatando a la parturienta.

Los psicólogos clínicos atribuimos la eficacia patogénica, o sea la causa de la neurosis, al carácter inconsciente de los conflictos emocionales. Cuando menos consciente se es de una angustia mayor es la posibilidad de distorsionar la realidad e imaginar peligros irreales mediante un mecanismo llamado proyección. Por ejemplo, las fobias que llegan a comprometer realmente la vida de las personas consisten en atribuir un peligro irracional a un objeto o situación. El agobio que impide a algunas personas comprometerse con una relación estable de pareja, la obsesión por la higiene, el miedo a volar en avión, el pánico escénico, la timidez son fobias motivadas por un sentimiento infundado de falso peligro. Una vez más, se trata de mentiras que terminan por construir realidades. Es por eso que la curación de estos casos se basa en desactivar una relación causa-efecto entre los fantasmas inconscientes y la distorsión de la realidad.

Tanto en el ámbito social como en el individual el gran poder de las mentiras sobre la realidad se debe también al efecto dominó que generan, pues como dijo el poeta inglés Alexander Pope, el que dice una mentira no sabe que tarea ha asumido, porque estará inventando veinte más para sostener la certeza de la primera.

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Publicado el 17/12/2014