Psicólogo en Mallorca

El pequeño Nicolás y el cuento de hadas

Desde hace unas semanas Francisco Nicolás Gómez Iglesias, llamado el pequeño Nicolás ha pasado del anonimato a ocupar una descomunal atención en los medios, nacionales e internacionales. Estuvo detenido y es acusado de varios delitos. Aún no se ha dilucidado del todo si se trató de engaño, impostura, estafa, o talentoso oportunismo y habilidad social de este adolescente de 20 años que sin duda se ha movido en importantes esferas del poder.

No me ocuparé aquí de Nicolás, de su diagnóstico o de su catadura moral, sobre lo que ya corren ríos de tinta, sino de las circunstancias que han hecho posible su andadura. Octave Mannoni, brillante filósofo, psicoanalista y escritor francés publicó en 1973 el libro “La otra escena, clave de lo imaginario”. Describe los mecanismos de complicidad entre estafadores y estafados. Para el autor lo que ocurre en el engaño se explica por la existencia de otra escena detrás de la escena, como si se tratara de otra dimensión o espacio comparable a la escena teatral, al terreno del juego, o la ficción literaria que permiten escapar al principio de realidad y en que la víctima queda abducida. Según él la principal baza del farsante o el estafador es la inconsciente complicidad de la fascinada víctima. El origen de esa complicidad no es otra que el resto infantil que Freud describió como la tendencia al pensamiento mágico de los adultos.

La imperiosa necesidad de creer logra aniquilar el peso de las evidencias y acepta como reales cosas sin ningún fundamento. De hecho Mannoni incluye en su libro un artículo con el sugestivo título “Lo sé, pero aún así…”
Valga como ejemplo, los adultos que ya no podemos creer en los maravillosos Reyes Magos pero “aun así” depositamos en los niños la creencia de que existen o más aún, los mismos niños prefieren desoír su inteligencia para mantener la dulce creencia y hacerse con los regalos, como aquellos que creyeron en los poderes del pequeño Nicolás que tantos regalos prometió.

Hans Christian Andersen publicó en 1837 un libro llamado “Cuento de hadas contados para niños”. En el narra un cuento llamado el emperador desnudo que dio origen a la expresión “el rey desnudo” para referirse al curioso comportamiento de dar por cierto lo que los demás afirman aunque uno no lo vea. Otra vez la creencia!
Aunque hábiles políticos profesionales vieran que se trataba apenas de un adolescente cayeron en idealizarlo cargándolo de falsas y desproporcionadas atribuciones.

La ambición y el instinto de aproximarse y aceptar a todo el que tenga representatividad social es condición necesaria a la carrera política y el acceso al poder. No es una condena moral, es un hecho. Otra cuestión es para que se utiliza, pero eso es otro tema y escapa al análisis de los mecanismos psíquicos. Este último efecto refuerza el carácter cómplice del tendal de víctimas de este episodio que seguramente es ya parte de la historia del país. Como dijo Marcel Proust, la ambición embriaga más que la gloria.

Por último una reflexión sobre el crimen y el castigo. Para que haya crimen se necesita un cadáver. El clásico del cine “Blow-up”, que se estrenó en 1966 en España como “Deseo de una mañana de verano” dirigida por Michelangelo Antonioni, trata de un posible crimen del que solo hay una pista evanescente que termina por desaparecer. En este momento están en marcha investigaciones penales contra Nicolás. Está por verse en que quedan o si, como en la película desaparece el cadáver. Pero aparezca o no el cadáver, haya o no condena, sin duda este episodio es una verdadera lección.

Compartir
Publicado el 02/12/2014