Psicólogo en Mallorca

Drogas duras y blandas

A finales del pasado mes de julio el Congreso de Uruguay votó la legalización de la marihuana. Es el primer país del mundo en legalizar esta droga. El principal argumento en que se fundamenta esta modificación de la legislación es el fracaso del sistema represivo. La idea es que la prohibición de los estupefacientes no hace más que impulsar el narcotráfico, la corrupción, la violencia y la delincuencia a la que se asocia.

Todo parece indicar que otros países seguirán el ejemplo. Jurídicamente la cuestión exige definiciones y normas sobre consumo, producción y distribución. Si ya se hizo con el alcohol y con el tabaco, no parece difícil hacerlo en este caso.

Los criterios para abrir o cerrar el grifo de unas y otras drogas depende de la clasificación de «duras» o «blandas». Esta clasificación no se ajusta a un criterio científico universal, pero en general se entiende por duras las drogas de mayor efecto adictivo, alteración del comportamiento social o daño orgánico. Sin embargo desde la perspectiva sanitaria, psicológica y social hay implicaciones, consecuencias y contradicciones de importancia.

Del vasto universo de las sustancias que pueden actuar en el organismo me referiré solo a las llamadas psicotrópicas. Término que deriva del griego psyche, mente, y tropein, tornar o transformar, que se aplica a un agente químico que actúa sobre el sistema nervioso central con consecuencia en alteraciones de las funciones psíquicas. El funcionamiento del sistema nervioso se basa en la circulación de impulsos en determinadas condiciones bioeléctricas y bioquímicas en interacción con lo que en psicología se llama «eficacia simbólica» en referencia a como el mundo de las emociones, el lenguaje y los símbolos actúa sobre nuestra biología. Del mismo modo que si olvidásemos al sol nuestro ordenador la conductividad de sus circuitos se alteraría creando una disfunción, introducir una sustancia psicotrópica altera las condiciones del normal funcionamiento del sistema nervioso. Existe poca información del frágil y complejo equilibrio neuroquímico del que depende la identidad, la visión del mundo, la noción del tiempo, las ganas de vivir y todas nuestras emociones.

Agrupar sustancias por su función psicotrópica tiene la ventaja de permitir abarcar todas las que alteran la normalidad independientemente de si se consideran blandas, duras o, incluso, del campo de la psicofarmacología. Intentaré solo nombrar algunas de la complicaciones que acarrea intentar normativizar, permitir o prohibir sustancias. Lamentablemente, el cannabis, la sustancia activa de la marihuana, que goza del salvoconducto de droga blanda, según un estudio de la British Lung Foundation, Fundación Británica del Pulmón, es más cancerígena que el tabaco. Además altera la noción temporo-espacial, deteriora la capacidad de fijación de la memoria y estudios recientes la sitúan como posible causa de brotes psicóticos, entre otras menudencias. De los efectos destructivos del alcohol, que casi no tiene restricciones, ya se sabe bastante… para los que quieran saber.

El flagelo del tabaco que por la mortandad podría considerarse «arma de destrucción masiva» no se ve afectado ni por la permisividad ni por la información que figura hasta en los mismos paquetes. La distinción entre droga dura y blanda, finalmente es meramente cuantitativa y algunos hábitos de consumo pueden volver dura una droga blanda.

Para dar idea de lo complejo y extensivo del tema, hasta la comida puede funcionar como droga. La defensa del consumo del alcohol o del cannabis se basa en lo responsable y contenido que sea su consumo. Muchos padres alimentan tempranamente a sus hijos con alimentos que contienen saborizantes y edulcorantes, que junto con los chuches transforman a los niños en un interesante mercado consumidor, les condiciona tempranamente el rechazo a los sabores naturales y los «engancha» al consumo de alimentos con exceso de azúcares y químicamente saborizados.

Más aún, algunos historiales clínicos de pacientes con bulimia, comedores compulsivos, revelan una alimentación con presión por ansiedad neurótica de una madre frente a los ciclos normales de saciedad y hambre. Eso acaba creando adultos con «mono» frente al hambre. Como en todo comportamiento adictivo el elemento clave es la intolerancia a la frustración o al sufrimiento psíquico que es indisociable de la vida.

No es mi intención criticar la iniciativa pionera del Gobierno de Uruguay sino poner de manifiesto la arbitrariedad y falta de estudios científicos con los que las estructuras políticas impulsan leyes con intención de condicionar, proteger o prohibir el comportamiento de los ciudadanos y los márgenes de libertad en que se mueven. Pasear un elefante en un bazar puede dar muchas sorpresas.

La idea de drogas duras malditas y prohibibles genera la contrapartida de drogas blandas buenas. La esperanza de curación de un adicto, ya sea del hachís, la marihuana, la comida, el tabaco, el alcohol, la cocaína y un largo etc. depende de lo que en psicología se llama egodistonía, que es la percepción por parte del yo de que algo es un cuerpo extraño, un síntoma, algo no sintónico con el ego. Para ello la idea de que se consume droga blanda es un obstáculo. Más aún, ¿existen drogas blandas?

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Publicado el 26/08/2013