Psicólogo en Mallorca

Carnaval y anonimato

Venezuela se derrumba. Su presidente Nicolás Maduro hace intentos desesperados para retener el poder. Además del consabido control de los medios críticos acaba de recurrir a una medida que por su inocencia resulta reveladora. Anticipar el inicio del carnaval por que el tipo de libertad que genera es solo lúdica y sensorial.

Por eso me parece interesante una reflexión sobre el aspecto subjetivo de esta antigua y poderosa festividad. El sábado 1 de marzo tiene lugar sa Rueta que marca el inicio del carnaval y luego 5 de marzo comienza la cuaresma con el miércoles de ceniza. La una es fiesta de antiguo origen pagano asociada al descontrol, el relajamiento de las normas y la voluptuosidad de los sentidos y la otra al reforzamiento de la fe mediante el recogimiento, la penitencia y la reflexión.

Los estudios de la etnología, que es la ciencia social que estudia y compara los diferentes pueblos y culturas del mundo antiguo y actual, considera que el origen del carnaval se ha asociado a celebraciones dionisíacas griegas y romanas, las llamadas «bacanales» por lo de Baco, el dios del vino. Sabemos que el vino por su contenido alcohólico es un desinhibidor. Por eso bacanal se asocia a orgía. En cambio la cuaresma representa la esencia del carácter virtuoso que el cristianismo da a la contención y lo pecaminoso que considera el placer voluptuoso y libertino. Esta polaridad no es casual. Muchos historiadores de la religión consideran que el desenfreno del carnaval es preparatorio para el sacrificio y la contención de cuaresma. La razón es que no hay cultura sin represión. El malestar en la cultura, es el sugestivo nombre que dio Freud a uno de sus principales ensayos sobre la sociedad humana. Los antropólogos no han podido encontrar una sola sociedad, por primitiva que sea que no tenga normas y prohibiciones.

Poco tampoco hay sistema de restricciones que no sea burlado de algún modo por los que se ajustan a él. Todo ello ayuda a explicar dos fenómenos. El ocultamiento de la cara con máscaras de una parte y la representación de un personaje mediante un disfraz por la otra.

Porqué la máscara? Dado que la identidad se concretiza en la cara, y no en cualquier parte del cuerpo su ocultamiento por la máscara evidencia la intención de deshacerse de la identidad. Sin embargo la identidad es la clave que nos hace dueños de todos nuestros derechos. El derecho a habitar nuestra casa, conducir nuestro coche, a intimar con nuestra pareja, a ser invitados por nuestros amigos y un larguísimo etc. Hasta nuestra parcela digital en la nube está defendida por un password que nos identifica.

Si en una fiesta de disfraces nuestra pareja nos dejase abrazarla en estado anónimo gracias a una máscara perfecta tendríamos un ataque de celos. ¿Por qué entonces hacer desaparecer esa identidad tan celosamente protegida y altamente valorada ya que a ella se asocian nuestros derechos y bienes?

La razón está en el costo de esa identidad. Elegir es perder. En cierto sentido un rol social abre tantas puertas como cierra otras. Claro que a mayor rigidez mayor represión y más puertas cerradas. A don sabiondo, don equilibrado y don maduro les será más difícil dejar ver sus miserias o tolerar el ridículo. Un severo e impoluto moralista no puede permitirse ser descubierto en una mirada lasciva a un escote. En cambio alguien un pelín fresco que vive con sus debilidades a la vista podrá hacerlo sin romper su identidad social. De ahí aquello de «dime de que presumes y te diré de que careces».

Respecto a los disfraces: la inocente pregunta ¿de qué te gustaría disfrazarte? es un verdadero test de personalidad, de los deseos reprimidos y las ilusiones no realizadas. Es una invitación a soñar. Somos tan responsables de los disfraces que elegimos como de nuestros sueños. Para el estudio científico de la mente humana no hay inocencia ni azar en lo que el pensamiento produce o elije. Tan revelador es disfrazarse de pirata o de Superman, como no lo es menos hacerlo del otro sexo, hombres que eligen parecer mujer por unas horas o mujeres que se travisten en hombres expresan algo de su, no siempre admitida, bisexualidad.

En realidad, nada de todo esto es malo. Incluso es saludable permitirse todo el año pequeños carnavales si no implican el derrumbe del orden y la estructura personal. En las consultas psicológicas es frecuente ver casos de personas que sin ser alcohólicas, tienen con alguna periodicidad, salidas en las que beben hasta perder el control. Lo que no sale por la puerta, lo hará por la ventana rompiendo el cristal. Por todo ello, benditos los carnavales, los juegos de máscaras y los bailes de disfraces.

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Publicado el 28/02/2014